El año 2015 da sus primeros pasos en el calendario, aunque sus proyecciones y objetivos casi con toda seguridad forman parte mucho antes de las perspectivas que cada uno desde su lugar ha ido concibiendo y poniendo en marcha. En realidad, para los poderes establecidos, empresas, consumidores, usuarios, instituciones y agrupaciones de personas de diversa índole, y por supuesto, también para los individuos, un año arranca bastante antes que los primeros días de enero, toda vez que una planificación adecuada de proyectos y metas a desarrollar son propósitos cada vez más relevantes y necesarias para trabajar con vistas a destinos colectivos y personales. En las proyecciones de este año, como se sabe, tendrá lugar un acontecimiento político e institucional fundamental para la vida democrática del país: habrá elecciones nacionales y provinciales; se elegirá un nuevo presidente de la Nación, se renovará parcialmente el Congreso, se votará en las provincias para ungir gobernadores e intendentes y se optará por nuevos legisladores distritales. Actos vitales si los hay para sostener y promover la vigencia de la democracia, los argentinos están convocados a participar de comicios centrales y definitorios para definir el rumbo institucional y político del país.

Podrá asegurarse razonablemente, entonces, que estas citas consultivas y participativas -fuente de legitimidad de los gobiernos- determinarán y encuadrarán en gran medida las perspectivas de este año y que quienes se postulen para ocupar esos altos cargos y resulten electos para llevar adelante esas funciones políticas y legislativas enfrentan así una responsabilidad y compromiso fundamental en la construcción de las ilusiones y las perspectivas inmediatas y de mediano plazo a las que está abocada nuestra sociedad, el pueblo de la nación.

Está claro por lo tanto que el fenómeno electoral de los próximos meses adquiere una relevancia mayor, no sólo porque la democracia moderna no podría funcionar sin los procesos electorales, sino fundamentalmente porque esta vez la Argentina encara un proceso de renovación de los principales actores políticos y sociales de los últimos años: se elegirá un nuevo jefe de Estado y los tucumanos votarán por un nuevo mandatario provincial, entre otros cargos. Y este proceso de recambio va íntimamente ligado con las proyecciones y planes de cada uno de los ciudadanos y de los sectores sociales: es que las ideas y las propuestas de los candidatos a los cargos ejecutivos, y más aun, sus programas de gobiernos o las iniciativas legislativas a desarrollar cobran una valorización superlativa en la construcción de los planes personales, familiares, societarios, comunitarios, empresariales y generales en los que está inmersa hoy la ciudadanía. ¿Cuánto importa potencialmente lo que un candidato a Presidente planea desarrollar para que una compañía o un trabajador se embarque o defina un determinado proyecto personal o empresarial? ¿Son realmente conscientes los candidatos de la importancia que tienen para el resto de la sociedad sus promesas electorales?

Correspondería que los protagonistas de este proceso anticipen claramente y pronto sus propósitos, pensamientos y juicios respecto de sus planes y convicciones honestamente realizables que estarían dispuesto a emprender y encarar para que los argentinos tengan a mano mayores argumentos y razones para ponerle el cuerpo a sus esperanzas y abordar sus anhelos.